…con voz propia…

La generación intermitente

Suspendieron las clases y no me sorprendí, como tampoco me sorprendí cuando pasé un curso completo recibiendo teleclases que nunca entendí. Las personas mayores, con ese estatus que les otorga su edad, recordarán a mi generación como la de los celulares y el Internet. Ojalá que cuando lancen ese juicio sobre nosotros tampoco olviden nuestro accidentado recorrido por la educación.

Ya anunciaron la nueva modalidad: clases semipresenciales. El prefijo semi indica parcialidad, ¿pero alguien me puede decir qué hay de presencial en agarrar un teléfono y responder guías de ejercicios?

Moodle, la plataforma mediante la cual se impartirán los contenidos, requiere conexión a Internet, al igual que casi cualquier interacción de esta época. Elier, uno de mis compañeros de aula, vive en Agüica, un Batey entre los municipios de Colón y Los Arabos. Le damos chucho constantemente porque su cobertura es tan débil que tiene que subirse a un árbol para realizar una llamada ¿Elier podrá conectarse a Moodle y entregar un seminario en tiempo límite?

Algunas fuentes oficiales incluso han dejado abierta la posibilidad a exámenes online. Su mera existencia deja margen a todo tipo de interpretaciones, y ninguna de confianza. No es muy difícil responder una guía de preguntas si en nuestro propio teléfono contamos con Inteligencias Artificiales y el buscador de Google. En casa no hay ningún profesor que nos impida ‘’fijarnos’’. De seguir así, tendremos que otorgarle Licenciaturas e Ingenierías a ChatGPT y Perplexity.

La nueva situación, producto del déficit de combustible, me recuerda demasiado al confinamiento por la Covid-19. En esta cuarentena 2.0 sí podemos salir a las calles y no preocuparnos por nuestra salud, aunque sí por la corriente. Al menos yo puedo arreglármelas: donde vivo son seis horas de apagón y tres con luz. Sin embargo, muchos conocidos de la Universidad cuentan con suerte si ven el fluido eléctrico dos horas al día.

Un Plan Sectorial fue implementado específicamente para el entorno educativo, aunque la Dirección de Informática de la Universidad de Matanzas aclara que más de 4000 estudiantes no han podido acceder a este servicio. Aquellos que aún no dispongan del Sectorial deben ser más ahorrativos y pensárselo dos veces antes de abrir el Instagram.

Por muy paliativas o temporales que resulten estas alternativas, no se comparan ni remotamente al valor verdadero de asistir al aula. Los más afectados son, nuevamente, los alumnos. Un día más en este contexto es un día más donde recibimos el contenido a medias. Tristemente, debemos hacer de profesores y aprender por nuestra cuenta si de verdad valoramos el tiempo.

Nadie puede decirnos la duración real de este proceso. Puede que mañana todo sea normal de nuevo, y puede que unas semanas después nos cancelen la docencia otra vez.

Esta es, desgraciadamente, la historia de mi generación, una generación con sueños a medias, de teleclases y dudas sin responder, de virtualidad y poca cobertura, y, sobre todo, una generación con el camino fragmentado en la supuesta mejor época de nuestras vidas: la Universidad.

Máximo Badía Yumar

Estudiante de 2do año de Periodismo de la Universidad de Matanzas. Apasionado del cine y colaborador del Periódico Girón. Miembro de la AHS.

Por: Máximo Enrique Badía Yumar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *